
En un momento la cima y en el siguiente el precipicio. Alguna que otra balsa. Y yo aferrándome con uñas y dientes sólo para descorazonarme una vez más, para negar con la cabeza y con el alma, con la piel sensible y ansiosa, con los ojos que miran horizontes y no encuentran tierra firme, algún que otro oasis momentáneo, de esos a los que te acercás y se esfuman como espejismos de juegos ópticos. Camino inexorablemente hacia la visión, aún sabiendo que no existe, que se esfumará poco antes de alcanzarla. Como esa agua inexistente que nos engaña los sentidos en las rutas largas y vacías, con el sol que encandila y nos hace entrecerrar los ojos, forzar la ilusión, imaginar lo imposible, el oasis al final del camino. Que una vez más es un espejismo...
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